¡Un año más, continúa la tradición en varias comarcas de la provincia de León (España)!
Fresno de la Vega, comarca de la Vega del Esla.
Videos colgados por Fresno de la Vega (León - Spain) referenciados por Inés Pérez García
genntileza. Enlaces gentileza de ambos:
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El tente nube espanta los males en Fresno de la Vega
Antonio Bodega, con 93 años, e Ireneo Castañeda, con 89, volvieron a subir al campanario para tocar las campanas con el toque ancestral para proteger a los campos animados por el entusiasmo de las nuevas generaciones de jóvenes y mujeres
https://www.diariodeleon.es/sociedad/260201/2074211/tente-nube-espanta-males-fresno-vega.html#foto14
Neo Castañeda, de 89 años, volvió a subir al campanario de Fresno para el ritual de tente nube.
¡Qué viene tentenube!, gritaban niños y niñas en Fresno de la Vega cuando la noche del 31 de enero caía sobre el pueblo. Entre el alborozo y el miedo fraguado en la imaginación infantil con la imagen del renubero en forma de diablo.
Cuando el invierno llegaba a su ecuador —lo alcanza el 2 de febrero— y campos y animales empezaban a salir de la hibernación natural, la gente miraba al cielo y clamaba por el bien de sus cosechas. Con el tiempo, las campanas se convirtieron en el medio de comunicación más eficaz para la comunidad. El uso civil y religioso se dio la mano en los campanarios, aunque, como dice el refrán, las campanas y el pendón del pueblo son.
La tradición se enraizó generación tras generación y, sorprendentemente, ha sobrevivido a la modernidad y a la IA. La costumbre de subirse al campanario en la iglesia de San Miguel Arcángel de Fresno de la Vega para tocar a tente nube la noche del 31 de enero, víspera de Santa Brígida y San Severo, se mantiene con orgullo.
Jóvenes, veteranos y mujeres, que se han sumado a este rito masculino en las últimas décadas, hacen vibrar a toda la vega del Esla con los repetidos toques transmitidos por los antiguos.
Antonio Bodega y Neo Castañeda son dos de los maestros que viven para contarlo y seguir tocando. Antonio sorprendieron a todos. Antonio subió del brazo de su nieta Ángela, otra campanera. «Las campanas tienen que sonar como si fueran la letra», afirmó Bodega. Durante el toque de tente nube se recita el conjuro: «Tente nube, tente tú que Dios puede más que tú; tente nube, tente palo que más puede Dios que el diablo». Neo, de 89, tiró del badajo con gracia y ganas.
Subirse al campanario con los veteranos son palabras mayores. «Esos no tocaban las campanas, las hacían hablar», apunta Miro Prieto. Agricultor y, más específicamente, hortelano este vecino de Fresno de la Vega empezó a ver en primera línea el toque de tente nube con 17 años y, quitando el año de la mili, no ha faltado ningún 31 de enero.
«Con 17 años empecé a subir. Pero eran los mozos los que tocaban. Había tantos que se iban quitando unos para que subieran otros... estaban hasta las tantas de la madrugada tocando», recuerda. Anoche también hicieron turnos.
Arriba, dice Miro, había que subir con la lección aprendida. «Hay que tocar con dos botellas», le decía a su hijo José Prieto antes de que se iniciara en la tradición. En aquellos tiempos hacía mucho frío y no había ropa térmica ni forros. «Te metías allí y si no lo hacías bien, menuda bronca te caía», recalca. Julio, Alejo, Antonio, Neo, Félix, Inda... son algunos de los antiguos que vienen a su memoria. Y de su quinta o aledaños, estaban Miguel, Álvaro y Alberto de Paz, entre otros. Hubo años que prácticamente subían ellos solos.
Los mozos (y mozas como Beatriz Marcos) suben al campanario con una docena de piedras —una por cada mes del año— para que queden impregnadas de la fuerza del tentenube. Al finalizar el rito, las piedras se guardan en un caldero. Y si viene la nube, se echa mano de la piedra de tentenube correspondiente para proteger huertas y sembrados. «A mí solo me pilló una vez la piedra y, por si acaso, voy a seguir tocando. No es ciencia, pero ningún milagro ha estado probado científicamente», explica Miro.
Cuentan que en Fresno, cuando había nube, no tocaban las campanas. «Tocaban en Villamañán y en Cabañas», pero al cura le encargaban y le pagaban un responso a la puerta de la iglesia para reforzar el conjuro. Y es que la tradición pagana y la religiosidad popular siempre se dan la mano en algún momento.
Por si había escasez de mozos para subir al campanario, el municipio pagaba a uno fijo para que subiera a medianoche. «Es algo que llevan dentro, muy del pueblo», que admira a curiosos, estudiosos y teles. El milagro de Fresno de la Vega es que las nuevas generaciones se han subido al campanario con la misma ilusión que tuvieron en sus tiempos. Han bebido del embrujo de sus padres y abuelos y ya no dejan que la tradición se desvanezca. Héctor de Paz, el de Alberto, José Prieto, el de Miro, Lucía Bodega, nieta de Antonio, Diego García... y Aroa, que está en camino de aprender, son parte de la nueva savia que tira del badajo. Hasta el cura, don Santi, de Mali, subió a tocar anoche.
El Ayuntamiento y la asociación cultural Fraxino —la que se ocupa de todas las «adas»: pimentadas, campanadas, castañadas...— invitan a chocolatada, que la noche es larga para las campanas. ¡Qué viene tente nube!, repitieron un año más en Fresno de la Vega. Como el escritor «leonés» de Tras Os Montes, Miguel Torga hizo con palabras («el espíritu de la tierra yo defiendo»), salieron a defender el espíritu de su pueblo a toque de tente nube. De los 93 años de Antonio a los 3 añicos de César, que fue de la mano de su padre, Cristian.
Foto fotos vIRGINIA MORÁN
El ancestral repique del "Tente nube" de Fresno de la Vega

León
A las puertas de que la tradición se repita como cada nochedel 31 de enero al 1 de febrero, ponemos el foco sobre el ancestral repique de campanas del "Tente Nube", que tiene en la localidad de Fresno de la Vega uno de sus mejores y más singulares y duraderos exponentes. Acompañados de nuestro colaborador en "De los pueblos a las playlists", Gabi González, charlamos con algunos de los campaneros -Héctor de Paz, Diego García y Miro Prieto- que se encargan de mantener viva y con excelente salud esta tradición.
Fresno de la Vega, Villalobar y Benamariel comarca de la Vega del Esla.
Tentenube: el ancestral toque de campanas que espanta tormentas en el Sur de León
Villalobar, Fresno de la Vega y Benamariel, mantienen viva una tradición centenaria para proteger sus campos del granizo, haciendo sonar las campanas con versos populares cada vez que se avecina una tormenta.
El tentenube —también conocido como tentenublo— es un antiguo ritual sonoro que sobrevive en varios pueblos del sur de León, como Vilallobar, Fresno de la Vega y Benamariel. Cada año, cuando las nubes amenazan con descargar tormentas o granizo sobre los cultivos, los vecinos acuden al campanario para hacer repicar las campanas siguiendo un ritmo especial y recitar versos tradicionales. El objetivo: ahuyentar a los “diablos” de la tormenta ("reñuberus") y proteger así las cosechas.
Esta costumbre tiene profundas raíces en la cultura rural española. Desde tiempos inmemoriales, el lenguaje de las campanas ha sido fundamental en la vida cotidiana del campo: marcaban el inicio y final del día, llamaban a la oración e incluso alertaban ante peligros o fallecimientos. Pero uno de sus usos más singulares era precisamente este: espantar fenómenos meteorológicos adversos, especialmente el temido granizo estival.
El toque del tentenube no solo consistía en repicar con destreza desde lo alto del campanario; solía ir acompañado por rimas supersticiosas que reforzaban su supuesto poder protector. Una letanía popular recogida en Castilla rezaba:
Aunque hoy sabemos que estos toques carecen de efecto real sobre el clima, el tentenube sigue celebrándose como parte esencial del patrimonio inmaterial leonés. Los habitantes consideran esta práctica un símbolo identitario y una forma de mantener vivas las tradiciones heredadas durante siglos. En verano —época crítica para los agricultores— no es raro escuchar aún estas campanadas resonando entre los campos mientras se recitan viejos versos contra la tempestad.
A pesar del paso del tiempo y los avances tecnológicos en predicción meteorológica o protección agrícola, el granizo continúa siendo uno de los mayores enemigos para las cosechas locales, lo cual da sentido renovado a este rito colectivo cada temporada.
En el sur de León la tradición manda que el tentenube se reviva la noche antes de Santa Brigida (1 de febrero). Así que este sábado, 31 de enero, Villalobar, Fresno de la Vega y Benamariel revivirán la tradición de hacer sonar las campanas para ahuyentar los malos espíritus.
Horarios
En Benamariel el Tentenube comenzará a partir de las cinco de la tarde cuando los del lugar comiencen con la tradición de hacer sonar las campanas.
Villaseca de la Sobarriba, comarca de La Sobarriba.
A cargo de la parroquia y el arciprestazgo de La Sobarriba con varias de sus cofradías que asisten invitadas cada Domingo de Ramos a la Procesión "del Dainos" en Leon y por ello la coparticipación especial de la hermana Cofradía del Santísimo Cristo de la Expiración y del Silencio de León (España). Este año, excepcionalmente trasladada al fin de semana siguiente.
TENTE NUBE Y SANTA BRÍGIDA DE KILDARE (SIGLO V)
En la noche de transición entre el día 31 de enero y el 1 de febrero, a eso de las doce de la noche, en muchos pueblos de la provincia de León –antes en muchos más que ahora- los mozos hacían repicar las campanas de forma ininterrumpida hasta llegar el alba. Era un rito preventivo para ahuyentar las malas nubes venideras y sus perniciosos efectos.
En el calendario cristiano, el día 1 de febrero se celebra la fiesta de santa Brígida, monja irlandesa fundadora de uno de los primeros monasterios de la isla y continuadora de la labor evangelizadora de san Patricio, con quien comparte patronazgo de Irlanda. Es, pues, una de las festividades cristianas invernales, pero que de algún modo preludia ya la primavera porque los días se van alargando.
Las campanas tocaban a «tente nube» y su toque duraba varias horas, como se ha dicho. En las celebraciones actuales el tiempo dedicado a ese menester nocturno de campanas es ya muy limitado, para no molestar, incluso hay casos que se ha trasladado a la tarde. El rito tenía como objetivo ahuyentar de la comarca las malas nubes para que no perjudicaran a los productos de la tierra que se había sembrado o se había de sembrar, tanto en su inicio como en su desarrollo primaveral y mucho menos en la época estival, cuando se debía recoger el fruto.
Se creía que esa noche era cuando los diablos tormenteros (rañuberos) preparaban las tormentas que iban destinadas a arruinar las cosechas con su pedrisco durante el resto del año. También se consideraba como un mal presagio no tocar las campanas. Referido al toque de campanas para conjurar los males de las tormentas en las situaciones amenazantes de estas, en 1538 había escrito Pedro Sánchez Ciruelo (c. 1470-1560) que era este un procedimiento natural que se apoyaba en los estudios de física de Aristóteles. El otro procedimiento que él recomendaba era de tipo moral: las oraciones. Con estos dos procederes intentaba rechazar la siguiente creencia popular:
Los nigromantes hacen creer a la simple gente que los diablos engendran el nublado, el granizo o pedrisco y toda la tempestad de truenos, relámpagos y rayos, y que en aquellas nubes vienen los diablos y que es menester conjurarlos para echarlos de sobre la ciudad y lugar y de sus términos. Pues para en este caso ellos han ordenado ciertos conjuros y dicen que con ellos harán huir de allí a los diablos con sus nublados (Reprobación de las supersticiones y hechicerías, parte tercera, cap. IX).

PEDRO SÁNCHEZ CIRUELO (Antigua facultad de Medicina de Zaragoza)
Como decía recientemente el campanero de Villabalter –que se esfuerza en transmitir a cuatro jóvenes de ambos sexos los diferentes toques de campana-, a las campanas había que hacerles cantar una y otra vez aquellas dos rendondillas de versos tetrasílabos y rimas abrazadas (4a-4b-4a-4b) -que también se suele llamar cuarteta- , con las que el campanero se acompañaba en recitado silencioso en su repique de campanas:Tente, nube,
tente tú,
que Dios puede
más que tú.
Tente, nube;
tente, palo,
que más puede
Dios que el diablo.
La variabilidad del poema es evidente y depende de las poblaciones y zonas.
Ahora surge la pregunta: ¿Por qué se anexiona este ritual religioso a santa Brígida? Yo creo que la respuesta está, una vez más, en la cristianización de un rito pagano. La religión cristiana, para erradicar una fiesta pagana de gran arraigo en el pueblo, lo que hizo fue hacerla suya despojándola del elemento pagano y trasvasar su contenido esencial a moldes y creencias ajustadas a su paradigma religioso.
Brigid era una diosa pagana céltica a quien, entre sus atribuciones, se la consideraba como la diosa del hogar, del fuego, protectora de los alimentos (diosa de la fertilidad), de la vivienda campesina, etc. y que fue una de las diosas más populares de los pueblos nórdicos. Se la anexionaba con el imboolc, fiesta celta que tenía lugar al inicio de la primavera. Era esta festividad una de las cuatro grandes de su calendario. En ella tenían lugar rituales diversos, como los de la fertilidad o el fuego purificador.




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