jueves, 8 de enero de 2026

El sonido rápido de la “campanina” alertó en Fasgar/"Fasgare" (Valle Gordo/Comarca de Omaña, León, España) el pasado verano "a fuego".

¡Hacía mucho tiempo que esto no pasaba!

El sonido rápido de la “campanina” alertó en Fasgar/"Fasgare" (Valle Gordo/Comarca de Omaña, León, España) "a fuego" el pasado verano.


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En un momento crítico, las campanas de la Iglesia de #Fasgar tocaron a fuego. Hacía mucho tiempo que esto no pasaba. Tal vez debamos recuperar y, sobre todo, conservar ese lenguaje que hoy parece innecesario a juzgar por la tecnología y los múltiples canales de información que tenemos. El sonido rápido de la “campanina” alertó en Fasgar y seguro que en otros muchos pueblos, y todos los vecinos acudieron a colaborar en lo que se pudo y las circunstancias dejaron hacer.
El lenguaje de las campanas fue durante siglos certero. Con ellas, además de avisar del fuego, se llamaba a Concejo, se repiqueteaba a misa o se informaba de los fallecimientos en las comunidades. Un lenguaje tan universal como el de los radioaficionados, y tan patrimonio de la Humanidad como nuestros espacios naturales y edificios históricos más visitados en todo el mundo.
Son tiempos difíciles, pero quizá, poner en valor nuestra historia y nuestros códigos comunitarios sea muy necesario.

¡Las campanas de nuestras iglesias (y muchas también de ayuntamientos y otros edificios civiles) son bienes insustituibles que, como hemos visto, no son obsoletos en su uso.

No necesitan satélites, fibra o dispositivos. Están ahí y no consumen electricidad ni contaminan (llevan siglos fabricadas), y sobre todo, informan de forma fidedigna porque su código es compartido y conocido por todos. Si tocan a fuego, la gente ya tiene la información necesaria, no hace falta cuestionarse nada más para acudir y colaborar. Si tocaban a Concejo, todos acudían y tenían la oportunidad de plantear sus puntos de vista y tomar decisiones conjuntas. Ellas acompañaban los momentos duros y los más complicados del pueblo.
Estos lo son para nuestra #Omaña y tantos territorios cercanos y hermanos.

Afortunadamente, la campana de Fasgar sigue ahí para hacerla sonar cuando la necesitemos, pero cada vez son menos los que guardan esa sabiduría que tantos siglos ayudó a apagar tantos fuegos.

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