domingo, 23 de febrero de 2020

"El penúltimo campanero" Art. La Fueya cabreiresa




El penúltimo campanero





Desde que los más viejos del lugar recordasen, los varones de la familia Bolaños, eran los encargados de repicar las campanas de la aldea, que tanto avisaban, para fiestas, entierros, acuerdos, o desastres que se originasen.
Marcelino a sus ochenta y cuatro años, con la cojera de su rodilla izquierda debida a la caída de su cabalgadura allá por sus años mozos, sin que la revisase un médico, se le hacía imposible repicar a sus amadas campanas, las que en otros tiempos tocaban escuchándose incluso de los pueblos cercanos. Decían de él, que tenía un oído experto para notar la más mínima vibración en las campanas y una suavidad y coordinación en las manos, que plañéndolas, le hacían único. Ahora su dolorida rodilla no le permitía subir al campanario y era su hijo mayor Ramón el que intentaba emular la precisión del padre… No le fue fácil acercarse ni de lejos, a la sabiduría de su progenitor, pero ahora era él, el que tenía la labor que antaño Marcelino hacía.
Sabía que en su descendencia, no había varones que continuasen la tradición. La vida le trajo tres hermosas hijas. La mediana de sus hijas, Isabel, había heredado la habilidad del abuelo, y cuando de muy chica seguía a su padre, y éste le permitía algún toque, no desentonaban, permaneciendo muy atenta al más leve movimiento. Pero eso de que fuese una mujer la siguiente en la tradición familiar distaba mucho.
Isabelita, cuando no la veían subía las empinadas escaleras que subían a la torre de la iglesia, y sin emitir ni un sonido, calculaba en su mente, el tañer con una métrica ajustada para que no se percibiese ningún error. No se atrevía a blandir sus amadas campanas, pues si alguno se enteraba, ya sabía la reprimenda que le esperaba.
De primeras, su madre, que comentaba que eso no era de mujeres… mejor haría en aprender a zurcir y coser, que era para ella. Tampoco su padre, ni los hombres del clan, lo aprobaban, y sus otras hermanas veían a Isabelita como, una rebelde entrometida. Así se encontraba sin apoyos dentro de la familia, algo que al principio le hizo sentirse aislada y sola, pero en esa soledad, se había conocido y se aceptaba tal como era. Además nadie estaba pendiente de ella y cuando no la veía subía a lo alto del campanario y ensayaba mentalmente miles de veces cada toque, como había visto a su progenitor.
Pasaron los años y la chiquilla, era casi una mujer, mientras sus hermanas, la mayor era novia formal de un joven, de muy buena familia de la aldea cercana, y la más pequeña, soñaba seguir a la primera. Solo Isabel, no seguía el camino marcado. Ella solo pensaba en poder repicar sus queridas campanas, cuando sus vecinos caminasen por la calle mayor, acompañando a la procesión el día de la fiesta, y caminar por la desierta campiña cuando nadie la observaba sintiéndose libre.
Eso era una espina que llevaba, sus familiares no lo entendían.
Un día de principios de agosto con un calor sofocante, que hasta a la sombra, no se dejaba de sudar. Una modorra y un decaimiento en los habitantes del pueblo, que hasta los más informados, no daban señales de vida. Próxima la sobremesa, el cielo se tiño de un gris claro, y la tormenta con sus truenos y relámpagos, no dejaba de rugir. Rayos a montones, mientras el trueno no dejaba de sonar, pero ni una sola gota de agua, refrescó el ambiente. Después de un tiempo descargando rayos en todas direcciones, de uno de los establos más alejados, con su acopio de hierba encima, comenzó a salir un humo denso y oscuro. El abuelo Marcelino, a sabiendas, que su heredero en la tradición familiar, no se encontraba en el pueblo, no dejaba de otear el horizonte, y aunque no era ya muy buena su vista, notó como el establo con parte del ganado dentro, echaba un humo denso. Agobiado, por que no sabía como subir la empinada escalera del campanario, no dejaba de dar vueltas y llamaba a sus hijos. Algunos adormilados, salían deprisa, mientras éste ordenaba que le ayudasen a llegar a la iglesia y subir a su torre.
En aquel desconcierto, Isabelita, veloz, llegó al campanario, y poniéndose en cuclillas, examinó las dos campanas, y acariciando su contorno empezó a blandir, al principio casi con temor, y luego con un fuerte repique, llevando al unísono el seguimiento entre ellas. Ensimismada en su tarea, no se daba cuenta que las campanas, casi, pareciese hablar. Marcelino, y uno de sus hijos, ya se aproximaban a la iglesia, cuando oyeron como sus campanas llamaban. La gente del pueblo salió en la ayuda del vecino necesitado, mientras Isabelita no dejaba de tocar y tocar una vuelta y otra más, observada de lejos por el abuelo, que no se lo podía creer. Las campanas no sonaban, era como si hablaran, y él, que en otros tiempos, había logrado engranar unas notas tras otras, ahora era como si la joven, le diese luz y palabra con sus repiques. Asombrado, se quedó allí hasta que Isabel, descendió los escalones.
Al ver al abuelo, estuvo a punto de desandar sus pasos, pero Marcelino, con un nudo de emoción se aproximó a la muchacha, expresando lo orgulloso que se sentía de que ella tuviese, ese don.
Costó mucho que algunos miembros de su familia, diesen el visto bueno a la labor de Isabel. Gracias a su rapidez, y su saber hacer, se evitó en el pueblo una desgracia.
El padre no estaba muy de acuerdo. Con la ayuda de sus vecinos, la joven se estrenó en la procesión del pueblo, mientras la gente caminaba en silencio por la calle, escuchando con deleite sus repiques. Para ella simplemente cuando tocaba, se paraba el tiempo.

miércoles, 22 de enero de 2020

Tradicional toque a "Ten-te nu-be" por Santa Brígida, contra los "reñuberus" y en el arranque de febrero provincial leonés



http://elrincondesanantonenleon.blogspot.com/2012/09/santa-brigida-y-santo-tormentero-toques.html

http://elrincondesanantonenleon.blogspot.com/2017/02/2017-toques-nube-por-santa-brigida-y_12.html
http://elrincondesanantonenleon.blogspot.com/search?updated-max=2012-09-01T11:54:00-07:00&max-results=7

https://funjdiaz.net/folklore/07ficha3.php?ID=2932
https://literaturayotrosmundos.wordpress.com/2016/02/01/tente-nube-y-santa-brigida-de-kildare-siglo-v/
http://ab.dip-caceres.org/export/sites/default/comun/galerias/galeriaDescargas/archivo-y-biblioteca-de-la-diputacion/Alcantara/05-075-alc/05-075-006-El_culto.pdf
http://iberiamagica.blogspot.com/2014/02/santa-brigida-y-la-campana-santa.html
https://weather.com/es-ES/espana/ciencia/news/2018-02-06-tradicion_campana_ahuyentar_tormenta_espana
http://www.diariodevalladolid.es/noticias/castillayleon/fiesta-santa-brigida-mozos_142011.html
https://www.facebook.com/SantaEufemiaDelArroyo/videos/1338843132805045/    video
https://www.facebook.com/SantaEufemiaDelArroyo/videos/1702285016460853/  video
http://www.villafer.es/nuestras-tradiciones/santa-brigida.html


Fresno de la Vega 
Ardón
Villaseca de la Sobarriba
Villabalter
Villalobar  
Villafer ...
Santa Eufemia del Arrollo "Tierra de Campos" (Valladolid)


Comarca de "La Sobarriba"
VILLASECA DE LA SOBARRIBA



El responsable del blog en una edición anterior (2015) Fot. Oscar Herrero





Fotos Antonio Barreñada


Comarca de la Vega del Esla
FRESNO DE LA VEGA








Redacción

Jueves, 01 de Febrero de 2018

Fresno de la Vega  http://leonsurdigital.com/art/10639/tente-nube-el-toque-magico-para-recibir-febrero-y-proteger-el-campo

'Tente nube', el toque mágico para recibir febrero y proteger el campo


Una sonora tradición que se pierde en el origen de los tiempos se vivió anoche en algunos pueblos. El toque de 'tente nube' fue revivido en Fresno de la Vega donde las campanas fueron repiqueteadas, en un lenguaje único, para ahuyentar las tormentas que dañan las cosechas. Una tradición para evitar las temidas granizadas que jamás se ha interrumpido en la localidad.




Este sonido es característico en la víspera de Santa Brígida, la noche de transición de enero a febrero. La canción para intentar ahuyentar al "Reñubero" (figura mitológica leonesa que domina las tormentas y nubes) es fácilmente reconocible por esta retahila nmotécnica tradicional cantada y reproducida con las campanas

'Tente nube, tente tu,
que  Dios pueda más que tú;
tente nube, tente palo
que más puede Dios que el diablo".

El sonido de 'tente nube' fue revivido en más localidades. Es el caso de Villalobar donde también tañeron las campanas.



REPRODUCIENDO



VILLABALTER / "VILLABALTERE"

Campanas en el Santo Tormentero de Villabalter

Pedro Delgado, "Campanero Mayor" de Villabalter, tocando "a tente nube" por Santa Brígida. Foto gentileza Xuasús 

«Tente nube, tente tú, que Dios puede más que tú». Con esa frase y un toque especial de badajo, los maestros campaneros de León han logrado durante siglos espantar el pedrisco tañendo las noches del 31 de enero al 1 de febrero, en el Santo Tormentero. Una honda tradición contra los genios mitológicos de las nubes que provocan las tormentas y dirigen las tempestades, que se celebra en Santa Brígida como protección de las cosechas. Dar vida a esta curiosa y ancestral práctica constituye una de las enseñanzas que transmite el Campanero Mayor de Villabalter, Pedro Delgado González, a sus pupilos de la Escuela de Campaneros con quienes ayer recreó en la iglesia del pueblo el toque de «Tente nube». «Se solía hacer desde la medianoche, pero la gente ahora se asusta, por eso lo tocaremos por la tarde», reconoce este experto de 90 años y conversación amable. Delgado transmite sus conocimientos cogiendo las manos de sus aprendices con las suyas y el badajo para ayudarles a marcar el ritmo.

jueves, 2 de enero de 2020

Semblanza de Paco Flecha sobre "Ico", el último campanero de la Catedral de León.


Semblanza de "Ico", el último campanero de la Catedral de León.




https://franciscoflecha.blogspot.com/2010/09/ico-el-campanero.html?fbclid=IwAR3m63BmOyD5YP-z0vE74QcUdWKDg9yFLOWo3WdwlqpO1mPyz0w7CEKORQs


BLOG

CRÓNICAS DEL REINO MENGUANTE

Pequeñas historias de un reino que dicen que existió por estos valles cuando los osos cazaban a los reyes en justa represalia a sus ballestas y que, tras largos y gloriosos años de rencillas cazurras entre hermanos, cuchilladas certeras entre abades y fieros mordiscos silenciosos y canallas se ha ido acurrucando entre aquello que queda de dos rios y donde sueña enfebrecido, todavía, agitando la bandera, algún caudillo.
sábado, 25 de septiembre de 2010



Ico, el campanero


Haría, por lo menos, treinta años que el reloj de la torre alta de la Catedral había dejado de sonar. O, tal vez, más. ¿Yo qué se!, si raras veces la medida del tiempo acierta a cruzar el límite incierto de nuestros propios recuerdos.
Alguien dijo que Ico, el campanero, había metido una tranca entre sus ruedas y se habían saltado algunos dientes.
No llegó nunca a saberse la verdad, pero tampoco es que nadie pusiera demasiado interés en averiguarlo.
Desde hacía mucho tiempo era el viejo campanero el único dueño de la torre de las campanas. Se pasaba el día entero allá arriba con su gorra y aquel guardapolvo de tendero, rechoncho y sonriente, acariciando las campanas: la Froilana, la Gorda, la María y el Esquilón de las horas. Conocía sus mil y cien lenguajes. Les hablaba como a hijas y espantaba a gorrazos a los grajos y vencejos.
Cada tarde, después del toque de las Vísperas asistía asombrado como un niño al vuelo que hacían los grajos en bandada para dormir entre las ramas de los chopos que había al otro lado de la Nava.
Cuando al fin se quedó completamente sordo (por causa, según decían, de la vibración infernal de las campanas que remueve los sesos y te deja atronado, a no ser que te tapes los oídos con una bola de miga de pan remojada en aceite, cosa que el campanero nunca quiso hacer por no perderse aquel retumbar que era para él más sustancial que el latido de las venas), entonces colocaba las puntas de los dedos en la falda misma de las campanas y se le llenaban los ojos de una risa picarona e inocente.
Cuando Ico murió enmudecieron para siempre las campanas.
Del reloj de la torre solo quedó el tablero ennegrecido de la esfera como si fuera un viejo trillo colgado en la pared, como otro topo enigmático y mugriento.
Pero hete aquí que hace ahora cuatro años, por esas cosas del destino, se vinieron a unir los más diversos intereses: a la Escuela Taller Municipal le pareció un buen escaparate tallar y dorar de nuevo la esfera del reloj; a una marca suiza de relojes le ahorró publicidad el ofrecerse a arreglar la maquinaria y el alcalde, cómo no, decidió inventar la tradición, aprovechando todo ello, de recibir al año nuevo comiendo las uvas al ritmo acompasado de las campanas del reloj, recompuesto y montado la última tarde del año.
A las once treinta y cinco, llegaron a la plaza dos furgonetas del Servicio de Parques y Jardines con bolsitas de uvas y garrafas de aguardiente. A las doce menos cuarto, llegó la familia del alcalde y la digna concejala de cultura. A las doce menos cinco, doce mozos con banderas de la tierra. A las doce menos dos, se hizo un silencio majestuoso y espeso como un rito. A las doce cero cuatro, algunos murmullos de impaciencia. A las doce y diecisiete, la enorme decepción de las doscientas personas que habían aguantado a pie firme los primeros rigores de la helada.
Y después, nada. El silencio ensimismado del reloj, Las doscientas bolsitas de uvas aplastadas, la silenciosa y prudente retirada del alcalde y tal vez, según dijeron, la risita picarona e inocente de un hombrecillo rechoncho y sonriente vestido con gorra y guardapolvo de tendero, que alguien quiso ver atisbando detrás de un cuarterón de la ventana de arriba de la casa de Don Paco.  

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jueves, 28 de noviembre de 2019

Campanas en el cine: Tristana, de L. Buñuel



LAS CAMPANAS Y SU MUNDO EN LA CINEMATOGRAFÍA

"Tristana", película.
Luis Buñuel, 1970. Basada en la obra homónima de Benito Pérez Galdós. 

Secuencias donde la protagonista degusta unas migas mientras el campanero explica la dimensión social del toque de campana en el pasado. Acto seguido aparece el campanario de la Catedral de Toledo y en el mismo la "campana gorda" mientras se escuchan toques desde otros campanarios.

Video gentileza Youtube    https://www.youtube.com/results?search_query=tristana+campana
(pinchar sobre la imagen)


3:55REPRODUCIENDO

domingo, 17 de noviembre de 2019

"El vater del campanero", en la Catedral de Barcelona. Gentileza: La Vanguardia



El váter del campanero

La catedral de Barcelona conserva en la azotea una antigua y curiosa ‘comuna’ que usaba el encargado de hacer tocar las campanas, que así evitaba subir y bajar varias veces al día las empinadas e irregulares escaleras del templo




Ser campanero de una catedral era un oficio duro. El encargado de esta función en la catedral de Barcelona, al igual que sus compañeros de profesión, pasaba largas horas entre el tejado, pues las empinadas, estrechas e irregulares escaleras que conducen a lo más alto del templo no invitaban a subir y bajar varias veces al día. Es por eso que el campanero disponía de su propio váter particular. El de la catedral aún subsiste, aunque nadie lo usa ya después de que el manejo de las campanas se automatizara y no requiriera ya de la intervención directa de un humano.
El váter del campanero se encuentra en un área del tejado no accesible al público, en una zona no apta para quienes sufren de vértigo, ya que pende justo en el filo del abismo. Un paso en falso y el curioso corre el riesgo de estrellarse contra el suelo de la calle Comtes de Barcelona. Por fortuna, el asiento está orientado hacia la zona interior del tejado, de modo que el usuario evitaba hacer sus necesidades con la vista en el vacío.
Se trata de un váter –de hecho es lo que en catalán se denomina una comuna— medieval. Según Josep Maria Martí Bonet, fue inaugurado el 14 de diciembre de 1416. Tiene forma de cabina construida en piedra y en cuyo interior se encuentra el asiento con el funcional agujero pertinente. De hecho, aún se podría utilizar en caso de no temer a la intemperie.
El campanero, en sus largas horas allá en lo alto, tenía otras tareas además de ocuparse de las campanas. Según consta en los registros custodiados en el archivo de la catedral, empleaba los ratos libres enderezando clavos de hierro, muy valiosos en la época, por lo que se reutilizaban.
También según Martí i Bonet, el váter sufrió un percance hace unos años, pues un amigo de lo ajeno o coleccionista de antigüedades escatológicas robó el tapón que cubría la antigua comuna. Nunca más apareció.

Según Josep Maria Martí i Bonet, el váter medieval fue inaugurado el 14 de diciembre de 1416

sábado, 16 de noviembre de 2019

Premio literario para un trabajo sobre la tradición popular campanil y los toques "a nube" en la provincia leonesa


Carlos García Valverde y Ramón García Mateos, premios Villa de Navia y Ramón de Campoamor 2019

Las campanas se usaban como sistema de comunicación.


El relato del leonés recoge diversos rituales tradicionales leoneses respecto a los toques de campanas como sistema de comunicación y para ahuyentar las inclemencias meteorológicas

Viernes, 15 noviembre 2019 https://www.leonoticias.com/culturas/carlos-garcia-valverde-20191115195834-nt.html?fbclid=IwAR25LlIO6l8hPh32fAU5fQLpYB6bDCjVmGISTpnSm4vpyEIc63hDMg2JRn8#vca=fixed-btn&vso=rrss&vmc=fb&vli=Culturas


La Biblioteca Pública 'Carlos Peláez' del Ayuntamiento de Navia (Asturias) comunica el fallo del XIX Certamen Literario 'Villa de Navia' y del XVI Certamen Poético 'Ramón de Campoamor', convocados en 2019 y dotados cada uno de ellos con 1.500 euros y publicación.
En la villa de Navia (Asturias), a las 20 horas del día 14 de noviembre de 2019, se reúnen los Jurados del XVI Certamen Poético 'Ramón de Campoamor' y del XIX Certamen Literario 'Villa de Navia'.
Dichos Jurados acuerdan por unanimidad conceder un premio a Carlos García Valverde, de León, ha ganado del XIX Certamen Literario «Villa de Navia» por su obra titulada 'El hijo de la nube' y a Ramón García Mateos, de Cambrils (Tarragona) ha ganado el XVI Certamen poético «Ramón de Campoamor» por la obra titulada 'Ensueños y Aguafuertes (Daguerrotipos literarios)'.
El escritor e ilustrador leonés Carlos García Valverde fue premiado con un relato titulado «El hijo de la Nube», que recoge diversos rituales tradicionales leoneses respecto a los toques de campanas como sistema de comunicación y para ahuyentar las inclemencias meteorológicas. Personajes de la mitología leonesa como el «renubero» (convocador de tormentas y pedrisco) así como todo el protocolo desarrollado para conjurar el temporal.