«Tente nube, tente tú, que Dios puede más que tú». Con esa frase y un
toque especial de badajo, los maestros campaneros de León han logrado
durante siglos espantar el pedrisco tañendo las noches del 31 de enero
al 1 de febrero, en el Santo Tormentero. Una honda tradición contra los
genios mitológicos de las nubes que provocan las tormentas y dirigen las
tempestades, que se celebra en Santa Brígida como protección de las
cosechas. Dar vida a esta ancestral práctica constituye una de las
enseñanzas que transmite el Campanero Mayor de Villabalter, Pedro
Delgado González, a sus pupilos, tras crear la primera Escuela de
Campaneros. Los cuatro escolares de esta academia gratuita, símbolo de
una fructífera relación intergeneracional, recrearon ayer con él esos
curiosos toques.
El
Tente nube, tente tú, que Dios puede más que tú y otros toques de
ruego, convocatoria y auxilio unen en el lenguaje de las campanas a
generaciones de grandes maestros y de nuevos alumnos. En la foto, el
Campanero Mayor de Villabalter, Pedro Delgado González, transmite a los
escolares de esta academia gratuita otra forma de comunicarse más allá
del wasap.
Otra noticia en el año relacionada:
Homenajean al campanero de Villabalter Pedro Delgado
29/07/2016
http://www.diariodeleon.es/noticias/leon/homenajean-campanero-villabalter-pedro-delgado_1087184.html
p.i. | san andrés
El
histórico campanero mayor de la localidad de Villabalter, Pedro
Delgado, famoso por ‘sujetar’ el pedrisco con su toque de tente nube,
recibió ayer un homenaje por parte de los grupos políticos de San
Andrés, en reconocimiento a su implicación en la vida social del
municipio y a la ayuda que ha prestado a otros vecinos y al
Ayuntamiento. Acompañado por sus familiares, Delgado asistió al salón de
plenos emocionado y escuchó cómo la alcaldesa, María Eugenia Gancedo,
desgranaba los quehaceres que el campanero ha realizado en los últimos
años, entre ellos, ha fundado una escuela para aprender a tocar las
campanas, a la que acuden varios escolares. Por otra parte, el Pleno
también aprobó una moción de UPL para promocionar el polígono en la web
municipal.
VILLASECA DE LA SOBARRIBA
Los vecinos celebran hoy la fiesta en honor a santa Brígida
Los vecinos de Villaseca de la Sobarriba celebraon hoy la fiesta de
santa Brígida con una serie de actos que comenzarán a partir de las
20.00 horas, con la Octava de Santo Tirso, continuarán con una hoguera y
misa de las Candelas, la Cetenube de los Reñuberos y continuarán con
una cena a base de cordero con la Cofradía del Silencio. La fiesta de
santa Brígida en León, es una tradicional una celebración invernal que
viene a ser preludio de la primavera. | dl
TENTE NUBE
Fresno de la Vega espanta al granizo
El pueblo mantiene vivo el
tradicional toque de campanas 'a Tentenube' para ahuyentar a los
renuberos y evitar que las tormentas dañen la cosecha
Al filo de las 10 de la noche de cada
31 de enero las campanas comienzan a sonar en
Fresno de la Vega. No es un repique cualquiera, sino una
cadencia atávica,
casi hipnótica que desde lo alto de la torre mudéjar de la iglesia
irradia todo el pueblo, rasgando el silencio de la noche invernal y
envolviendo las calles en una atmósfera mágica e irreal. Es el toque de
‘Tentenube’, un sonido de otro tiempo con el que los vecinos de este pueblo de hortelanos buscan
evitar que el granizo arruine unos cultivos que ni siquiera han sembrado.
Esta ancestral tradición, olvidada y perdida a pesar del arraigo de
épocas no tan lejanas en muchas localidades leonesas, pervive con fuerza
en Fresno de la Vega. La
noche de la víspera de Santa Brígida -que se celebra el 1 de febrero- es en la que los
‘renuberos’ o ‘reñuberos’,
seres mitológicos del imaginario leonés responsables de las tormentas,
se reúnen para fabricar su arsenal el granizo. El sonido de las campanas
es en realidad un conjuro. Busca
aturdirlos y evitar que así que puedan completar su malvada tarea.
Aquí se vive de la tierra, y el miedo a la ‘nube’, como llaman en
Fresno a las tormentas estivales, está bien arraigado desde la más
tierna infancia. El sonido de un trueno puede ser el fatídico anuncio de
una granizada que en cuestión de segundos arrase con el trabajo de toda
una campaña. Este es el corazón de la huerta leonesa, y aquí a las
hortalizas se les cuida con mimo de padre.
Por eso, cada 31 de enero, los vecinos de Fresno suben a lo alto de la torre de la
iglesia de San Miguel,
privilegiada atalaya que domina la vega del Esla, y tañen con fuerza
sus campanas para espantar a los malévolos ‘renuberos’. Un ritual que se
prolonga hasta bien pasada la medianoche. A sonido de las campanas le
acompaña, acompasado con el ritmo de su repique, el siguiente conjuro:
Tente nube,
tente tú,
que Dios puede
más que tú.
Tente nube,
tente palo,
que Dios puede
más que el diablo.
Una salmodia que las propias campanas parecen entonar. Durante el toque, los vecinos recogen
12 piedras, una por cada mes del año. Encantadas por el mágico soniquete, se empapan de su poder y se transforman en
amuletos con los que luchar contra el granizo.
Cuando meses después ruja el cielo en verano, hay que arrojar uno de
estos talismanes en la dirección contraria a la que se encuentra ubicado
el cultivo que se quiere proteger. De esa manera, se conduce hacia allí
a la temida ‘piedra’- nombre que en la jerga de Fresno se da al
granizo- dejando a salvo la cosecha.
Hace tan solo una décadas, el toque de ‘Tentenube’ congregaba a todos
los mozos del pueblo. Ahora, la epidemia de la despoblación ha
provocado que las tradiciones desaparezcan con la propia juventud de una
localidad que ya vive el invierno de su historia. Sin embargo, al
contrario de lo que ha pasado en otros pueblos, esta en concreto se ha
resistido a caer en el olvido. Puede que sea por esa especial
vinculación de Fresno con su huerta, o por el empeño de
Antonio Bodega,
maestro de muchas generaciones posteriores, en transmitir su arte. Lo
cierto es que un grupo de vecinos mantiene vivo este ancestral rito.
Alberto, Félix, José María, Miguel Ángel, Carlos, Álvaro o Héctor,
que con diez años garantiza su pervivencia unas cuentas décadas más.
Ningún año faltan a su cita en lo alto de la torre. Hoy los vecinos
escuchan el toque desde casa. Pero si un 31 de enero faltase el sonido
de Tentenube en Fresno, seguramente muchos saldrían a la calle.
Paradójicamente, sería el silencio de las campanas lo que les llevaría a
preguntarse
¿se ha muerto el pueblo ya?